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XIUHTLA · EL LUGAR DEL CERRO PRECIOSO
UN ENIGMA DE 500 AÑOS
En 1584, el funcionario español Lázaro Blanco recorrió el valle por donde el río Ameca desemboca en el mar —la actual Bahía de Banderas— y preguntó a sus habitantes cómo lo llamaban. La respuesta no describía el valle: señalaba una montaña.
“Los yndios de la provincia le llaman en la lengua a todo el valle de Cintla, a significado de “plumaxe”, por un cerro questa en medio del valle, alto y con una punta alta, que llaman en su lengua Quiutepetl, ques decir el “serro de plumaxe”.”
Relación de Lázaro Blanco, 1584 · Paso y Troncoso
Ese cerro es el que hoy conocemos como Sierra de Vallejo: el Xiuhtepetl. En náhuatl, xihuitl significa a la vez hierba, año, turquesa y fuego. Para los pueblos del valle no era una simple montaña sino un ser sagrado, morada de Xiuhtecuhtli, señor del fuego y del tiempo. El valle tomó su nombre de él: Xiuhtla, el lugar del cerro precioso.
Este sitio reúne el trabajo arqueológico de más de sesenta años en el valle para contar esa historia: la de un paisaje que fue, durante siglos, el centro del mundo para quienes lo habitaron.
EL CATÁLOGO
LOS OBJETOS SAGRADOS
Las excavaciones han recuperado objetos que hablan de esta religión del monte, el agua y el fuego: un vaso de Tláloc de alabastro verde-azul que guardaba las cenizas de personas importantes, un incensario que imita la corteza del pochote —el árbol florido que crece en la cima del monte sagrado— y un sahumador decorado con el quincunce, el símbolo del universo con sus cuatro rumbos y su centro.
La Grandeza de Xiuhtepetl es un catálogo de 52 dibujos en puntillismo de las piezas más relevantes de las culturas que poblaron el municipio de Puerto Vallarta.
LAS ZONAS ARQUEOLÓGICAS
EL MONTE SAGRADO
Para los pueblos de Mesoamérica los cerros eran seres vivos: el eje que unía el cielo, la tierra y el inframundo, la morada del dios protector y la bodega del agua y del maíz. Cada pueblo construía pirámides como réplicas de su monte sagrado, para llevarlo al centro de la vida cotidiana.
En el valle se levantaron grandes centros ceremoniales —Ixtapa, San Juan de Abajo, Santiago Temichoque— orientados de modo que, desde su cima, el Xiuhtepetl queda justo al norte: la dirección del agua, de Tláloc y del centro del cielo.
Ixtapa
Un centro ceremonial trazado como calendario solar: sus pirámides marcan solsticios, equinoccios y el rumbo del Xiuhtepetl.
INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN
MÁS DE 60 AÑOS DE ARQUEOLOGÍA
HISTORIA
PUEBLOS EN MOVIMIENTO
Hacia el año 1100 el volcán Ceboruco, en Nayarit, tuvo una erupción gigantesca que cubrió de ceniza cientos de kilómetros. Poco después llegaron al valle nuevos pueblos con nuevas costumbres: se levantaron las grandes pirámides, apareció otra cerámica y se comenzó a cremar a los muertos. Las crónicas antiguas guardan la memoria de esas migraciones.
“Luego que salieron de este pueblo de la siete cueva, atravesaron los llanos que había, hasta que tocaron las serranías circunvecinas a las provincias de Tzinaloa, entraron por Pentatlán, Culiacán, Chiametla, Tzenticpac, Xalisco, Valle de Banderas…”
Francisco Pentecatl, en fray Antonio Tello, Crónica Miscelánea de la Santa Provincia de Xalisco, 1653
UNA INVITACIÓN
MIRA HACIA EL NORTE
Si visitas Bahía de Banderas, mira hacia el norte y busca la silueta del Xiuhtepetl. Imagina que, hace mil años, la gente construía pirámides alineadas con ella, quemaba copal en su honor y contaba a sus hijos que allí vivía el Dueño del Monte. Hay lugares que no son solo tierra y piedra, sino memoria.






















